Un día que teníamos que firmar calificaciones de la
preparatoria y no teníamos nada que hacer. Decidimos jugar a la botella. Varias
veces giró la botella y todos hacían los castigos que les correspondían. Hasta
que por fin me tocó y mi castigo fue besar a una amiga. Al principio no quería
hacerlo pero todos seguían insistiendo hasta que lo hice. Después de ese día
ella me empezaba a gustar y notaba que a ella le pasaba lo mismo.
Cada momento que pasaba con ella hacia que me sintiera
más seguro de lo que sentía. Cuando estaba casi seguro de pedirle que fuera mi
novia, pero ella me lo pidió primero. No lo pensé y de inmediato dije que si. Me
gustaba mucho verla jugar baloncesto. Por fin sentí el apoyo de alguien que era
ajeno a mi familia. Se empezaba a llenar el vacio que sentía en mi interior y comenzaba
a sentir lo que era el amor.
Todos los días nos veíamos en la escuela; con el paso
del tiempo las cosas se empezaban a hacer rutinarias y tuvimos muchos errores
que logramos superar juntos. Así poco a poco se empezó a derrumbar todo lo que
habíamos construido. La felicidad se convertía en tristeza y me sentí incapaz
de lograr hacer sonreír a esa hermosa mujer; ambos notamos la falta de afecto y
que cada vez estábamos más distantes. Se aproximaba el final de algo, que tal
vez no había iniciado.
Llegamos a la conclusión de terminar con aquel noviazgo. Prometimos
que aunque hubiera terminado; no seria
motivo para que dejáramos de vernos o hablarnos y así fue. Después de aquella
relación fallida nos empezamos a llevar mejor; nuestra amistad se fortaleció mucho.
Después me di cuenta de que ella era todo lo que necesitaba para ser feliz; pero
ya era muy tarde, porque ya estaba con alguien mas, que la hacia feliz. En ese
momento me di cuenta que había perdido mi oportunidad.
En ocasiones me contaba que se sentía muy bien, por el
hecho de que esa persona apareciera en su vida. Decía que le daba cuando
estaban juntos no le importaba lo que ocurriera a su alrededor porque estaban
juntos. No sabia que responder; por una parte me sentía bien sabiendo que era
feliz y por la otra me sentía mal, porque no era yo la causa de su felicidad. Aprendí
a vivir con eso y me di cuenta de que ya
no era suficiente lamentar.
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