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lunes, 3 de junio de 2013

Fallido intento


Un día que teníamos que firmar calificaciones de la preparatoria y no teníamos nada que hacer. Decidimos jugar a la botella. Varias veces giró la botella y todos hacían los castigos que les correspondían. Hasta que por fin me tocó y mi castigo fue besar a una amiga. Al principio no quería hacerlo pero todos seguían insistiendo hasta que lo hice. Después de ese día ella me empezaba a gustar y notaba que a ella le pasaba lo mismo.
Cada momento que pasaba con ella hacia que me sintiera más seguro de lo que sentía. Cuando estaba casi seguro de pedirle que fuera mi novia, pero ella me lo pidió primero. No lo pensé y de inmediato dije que si. Me gustaba mucho verla jugar baloncesto. Por fin sentí el apoyo de alguien que era ajeno a mi familia. Se empezaba a llenar el vacio que sentía en mi interior y comenzaba a sentir lo que era el amor.
Todos los días nos veíamos en la escuela; con el paso del tiempo las cosas se empezaban a hacer rutinarias y tuvimos muchos errores que logramos superar juntos. Así poco a poco se empezó a derrumbar todo lo que habíamos construido. La felicidad se convertía en tristeza y me sentí incapaz de lograr hacer sonreír a esa hermosa mujer; ambos notamos la falta de afecto y que cada vez estábamos más distantes. Se aproximaba el final de algo, que tal vez no había iniciado.
Llegamos a la conclusión  de terminar con aquel noviazgo. Prometimos que aunque hubiera terminado;  no seria motivo para que dejáramos de vernos o hablarnos y así fue. Después de aquella relación fallida nos empezamos a llevar mejor; nuestra amistad se fortaleció mucho. Después me di cuenta de que ella era todo lo que necesitaba para ser feliz; pero ya era muy tarde, porque ya estaba con alguien mas, que la hacia feliz. En ese momento me di cuenta que había perdido mi oportunidad.
En ocasiones me contaba que se sentía muy bien, por el hecho de que esa persona apareciera en su vida. Decía que le daba cuando estaban juntos no le importaba lo que ocurriera a su alrededor porque estaban juntos. No sabia que responder; por una parte me sentía bien sabiendo que era feliz y por la otra me sentía mal,  porque no era yo la causa de su felicidad. Aprendí a vivir con eso y me di cuenta de que ya no era suficiente lamentar.        

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