Fue una tarde,
cuando escuché que alguien tocaba el claxon desesperadamente. Salí para ver que
ocurría y la persona que tocaba era mi tío. Emocionado fui hacia donde estaba y
lo salude él también me correspondió. Después de un rato de platicar, bajó y
abrió su camioneta y ahí estaba algo que yo añoraba tener. Ya se lo había
pedido y nunca imagine que si me lo regalaría. Ese algo era un dálmata al cual
ya había visto, porque cuando era mas chico mi tío ya me lo había enseñado. Él se
llamaba Bingo y desde ese día nos convertimos en muy buenos amigos.
Así pasaron los días.
Cuando tenía que ir a la escuela solo esperaba el momento para salir e ir a
casa a jugar con Bingo. Un día fue con él al rio, pero como me canse me monte
en él. Así continuamos hasta llegar a la cascada y después de un rato nos
quedamos dormidos bajo la sombra de un árbol. Pasaron las horas y despertamos
para regresar a casa. En el camino nos encontramos con tres perros que se
empezaron a pelear con Bingo. Él estaba en desventaja, pero ahí no acabaría todo,
porque después llegaron otros dos perros y me empezaron a seguir. Corrí lo más rápido
que pude, pero me alcanzaron con facilidad y cuando creí que me harían algo apareció
Bingo y me defendió. Ya eran cinco contra uno y aún así él nunca dejó de
pelear, cuando creí que lo matarían llegaron don señores y corretearon a los
otros perros. Cuando los perros se habían alejado me acerque a Bingo y lo
abrace. Bingo estaba muy herido. En ese momento empecé a llorar y entendí que
lo había hecho para defenderme. Les di las gracias a los señores que nos habían
ayudado y poco a poco regresamos a casa debido a que estaba muy lastimado por
la pelea.
Después de ese día
me di cuenta de que ya había dejado de querer a Bingo, porque ahora lo amaba. Tardó
muchos días en recuperarse, pero estuvimos juntos hasta que lo logró. Desconozco porque esos
perros nos atacaron, pero al menos sirvió para darme cuenta del cariño que nos teníamos.
Después de lo ocurrido todo el tiempo estábamos juntos para cuidarnos de todo
aquél que tratara de hacernos daño. Después el tiempo se encargaría de separarnos,
aunque fuera en contra de nuestra voluntad.
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