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domingo, 30 de junio de 2013

Sigamos caminando

Una amiga nos dijo que la fuéramos con ella al Instituto Nacional de  Bellas Artes, porque la profesora de historia les había pedido que asistieran a una exposición. Entonces decidimos que nos veríamos en la escuela para irnos de ahí al instituto. El día llegó y desde la escuela tomamos un camión que nos dejaría en Reforma. Nos bajamos en la avenida y como no sabíamos como llegar  en camión nos fuimos caminando. Ellas eran muy lentas y comencé a desesperarme un poco. En el transcurso comenzaron a reírse por cualquier cosa graciosa que pasara. Me sentía un poco incomodo, pero después mejor me uní a ellas. De esa forma el tiempo se paso más rápido y sin darnos cuenta ya estábamos en el instituto. Yo nunca había entrado al lugar.

Cuando entramos quedé muy impresionado. Tardamos para encontrar la exposición, porque nos perdimos dentro buscándola. Después de un rato por fin la encontramos. Al terminar de ver la exposición nos quedamos un momento afuera del lugar, mientras esperábamos una persona con el disfraz de la muerte se acercó y colocó una calavera frente a nosotros para que le diéramos dinero. El miedo nos ganó  y corrimos para alejarnos de esa persona. Nos volvimos para ver donde estaba y nos venia siguiendo. Después de un rato de correr ya no venía tras nosotros. Seguimos caminando y finalmente decidimos ir al cine.

Cuando llegamos a la plaza una de mis compañeras compró sushi y tuvé que esconderlo en mi mochila para que nos dejaran pasar. Después de un rato sentí que me estaba mojando. Abrí la mochila para revisar que pasaba y el refresco se había abierto y para desgracia mía todos mis cuadernos se mojaron. Compramos refrescos y unas palomitas tamaño jumbo. La película estuvo aburrida, pero se puso mejor cuando nos empezamos a lanzar las palomitas. Así nos pasamos toda la función. Cuando salimos fuimos a comer. Ya estábamos cansados y hacia mucho calor, pero eso no fue obstáculo para que camináramos sobre Reforma hasta llegar al Monumento a la Independencia. Ya estando ahí nos sentamos en los escalones para descansar un momento y observábamos a la gente que pasaba por el lugar. Ya era un poco tarde, entonces decidimos regresar a la escuela. Cuando llegamos  nos despedimos y cada quien se fue a su casa.

domingo, 23 de junio de 2013

En mi nariz siempre es invierno



El sol empezaba a esconderse, la obscuridad comenzaba a cubrir el cielo, el frío se hacía presente y muchas nubes cubrieron la tarde. Yo estaba en la casa de mi madrina, las horas pasaron muy rápido y Salí de su casa a las 2 horas. El pasto estaba congelado, porque hacía bastante frío. Al amanecer  vi que estaba nevando. Muy emocionado desperté a mi hermano para que saliéramos a jugar. Después de correr como si estuviésemos locos fuimos con nuestros primos, pero ellos seguían durmiendo. Entramos para despertarlos, cuando les contamos que estaba nevando no lo creyeron. Salimos y notaron que efectivamente estaba ocurriendo.

Comenzamos a lanzarnos la nieve e hicimos muchas figuras con la nieve. Era un poco complicado debido a que estaba bastante fría. También nos lanzamos en una bajada con una avalancha de la cual nos caímos muchas veces, pero la diversión era impresionante y continuamos haciéndolo durante mucho tiempo. Me acuerdo de que comencé a perseguir a uno de mis primos para  aventarle una bola de nieve y sin querer le pegué en la cara y comenzó a llorar. Después fue a acusarme con mí mamá y me regañó. Era hermoso ver todo cubierto de nieve y reír de la gente que se caía cuando iba caminando por la calle.

En la tarde fuí con mi hermano al arrollo y observamos que en pequeños espacios estaba congelado. La tentación nos ganó y comenzamos a subirnos sobre el hielo. Para nuestra mala suerte al pasar de uno a otro se rompió y caímos en el agua que estaba helada.  En ese momento no supe que hacer. Mi hermano reaccionó más rápido y me ayudo a levantarme. Mojados, temblando y con mucho frío buscamos un lugar para cubrirnos. Después de un rato decidimos regresar, porque la casa estaba muy lejos. El camino fue largo, pero después de caminar al fin llegamos. Nos sorprendimos al ver que todos seguían jugando con la nieve y así continuaron todo lo que restaba del día. Nosotros nos resfriamos y ya no quisimos salir de la casa.  Nos quedamos todo el día observando por la ventana como se divertían todos. Preparamos café y  tal vez ya no estábamos afuera disfrutando de la nieve, pero estábamos juntos y nada podía ser mejor que su compañía. 

domingo, 16 de junio de 2013

Amiguito



Fue una tarde, cuando escuché que alguien tocaba el claxon desesperadamente. Salí para ver que ocurría y la persona que tocaba era mi tío. Emocionado fui hacia donde estaba y lo salude él también me correspondió. Después de un rato de platicar, bajó y abrió su camioneta y ahí estaba algo que yo añoraba tener. Ya se lo había pedido y nunca imagine que si me lo regalaría. Ese algo era un dálmata al cual ya había visto, porque cuando era mas chico mi tío ya me lo había enseñado. Él se llamaba Bingo y desde ese día nos convertimos en muy buenos amigos.

Así pasaron los días. Cuando tenía que ir a la escuela solo esperaba el momento para salir e ir a casa a jugar con Bingo. Un día fue con él al rio, pero como me canse me monte en él. Así continuamos hasta llegar a la cascada y después de un rato nos quedamos dormidos bajo la sombra de un árbol. Pasaron las horas y despertamos para regresar a casa. En el camino nos encontramos con tres perros que se empezaron a pelear con Bingo. Él estaba en desventaja, pero ahí no acabaría todo, porque después llegaron otros dos perros y me empezaron a seguir. Corrí lo más rápido que pude, pero me alcanzaron con facilidad y cuando creí que me harían algo apareció Bingo y me defendió. Ya eran cinco contra uno y aún así él nunca dejó de pelear, cuando creí que lo matarían llegaron don señores y corretearon a los otros perros. Cuando los perros se habían alejado me acerque a Bingo y lo abrace. Bingo estaba muy herido. En ese momento empecé a llorar y entendí que lo había hecho para defenderme. Les di las gracias a los señores que nos habían ayudado y poco a poco regresamos a casa debido a que estaba muy lastimado por la pelea.

Después de ese día me di cuenta de que ya había dejado de querer a Bingo, porque ahora lo amaba. Tardó muchos días en recuperarse, pero estuvimos juntos  hasta que lo logró. Desconozco porque esos perros nos atacaron, pero al menos sirvió para darme cuenta del cariño que nos teníamos. Después de lo ocurrido todo el tiempo estábamos juntos para cuidarnos de todo aquél que tratara de hacernos daño. Después el tiempo se encargaría de separarnos, aunque fuera en contra de nuestra voluntad.         

domingo, 9 de junio de 2013

Sensación hermosa


Fue un domingo por la mañana, cuando fui con mis primos a jugar al monte. Después de un rato nos empezamos a aburrir pues ya no sabíamos que hacer. Pasó un buen rato hasta que uno de mis primos se fue corriendo a su casa por un lazo y lo lanzó hacia la rama de un árbol. Cuando por fin lo logró  amarró el lazo a una madera y resultó ser un columpio. El se subió primero al columpio. Después de usarlo ya no se quería bajar y así siguieron pasando uno por uno de mis primos hasta que llegó mi turno. Tembloroso tome el columpio y me lancé. Después de que me subí ya no me quería bajar. Cuando estaba arriba tuve muchas sensaciones en el cuerpo.

Todos los días íbamos a subirnos. En el momento que estaba arriba del columpio me sentía feliz. Esos momentos con mis primos hicieron que nos lleváramos mejor. Nos pasábamos horas y horas en ese lugar. Un día que regresábamos de la escuela corrimos hasta donde estaba el columpio y cuando llegamos nos dimos cuenta de que alguien lo había quitado, porque decían que era muy peligros que unos niños de seis años se subieran a un columpio como ese.

Y así pasaron varios días en los cuales ya no nos juntábamos para vernos y cada quien jugaba por su lado. Ese columpio era el pretexto para vernos aparte de que era divertido subirse y disfrutar el paisaje. Días después mi primo fue por cada uno de nosotros a su casa y nos llevó hasta donde se encontraba el columpio antes de que lo quitaran. En el transcurso del camino sentí que algo bueno estaba por ocurrir.

Cuando llegamos  ahí se encontraba de nuevo ese majestuoso columpio. Muy emocionados corrimos hasta donde estaba y nos subimos uno por uno hasta que nos cansamos de hacerlo. Cuando nos sentíamos tristes, enojados o tuviéramos algún sentimiento que nos hacia sentir mal íbamos al columpio y después de un rato de columpiarnos regresábamos sonriendo.
Ese columpio se volvió nuestro lugar de encuentro, porque todos los días no la pasábamos ahí. Ya hasta comíamos ahí, cuando nos daba hambre cada quien iba por algo a su casa y lo compartíamos entre todos. Y hasta la fecha ese columpio sigue ahí. Cuando lo veo recuerdo esos hermosos momentos que me hizo vivir junto a mis primos. Ese es un buen recuerdo de mi infancia.






lunes, 3 de junio de 2013

Fallido intento


Un día que teníamos que firmar calificaciones de la preparatoria y no teníamos nada que hacer. Decidimos jugar a la botella. Varias veces giró la botella y todos hacían los castigos que les correspondían. Hasta que por fin me tocó y mi castigo fue besar a una amiga. Al principio no quería hacerlo pero todos seguían insistiendo hasta que lo hice. Después de ese día ella me empezaba a gustar y notaba que a ella le pasaba lo mismo.
Cada momento que pasaba con ella hacia que me sintiera más seguro de lo que sentía. Cuando estaba casi seguro de pedirle que fuera mi novia, pero ella me lo pidió primero. No lo pensé y de inmediato dije que si. Me gustaba mucho verla jugar baloncesto. Por fin sentí el apoyo de alguien que era ajeno a mi familia. Se empezaba a llenar el vacio que sentía en mi interior y comenzaba a sentir lo que era el amor.
Todos los días nos veíamos en la escuela; con el paso del tiempo las cosas se empezaban a hacer rutinarias y tuvimos muchos errores que logramos superar juntos. Así poco a poco se empezó a derrumbar todo lo que habíamos construido. La felicidad se convertía en tristeza y me sentí incapaz de lograr hacer sonreír a esa hermosa mujer; ambos notamos la falta de afecto y que cada vez estábamos más distantes. Se aproximaba el final de algo, que tal vez no había iniciado.
Llegamos a la conclusión  de terminar con aquel noviazgo. Prometimos que aunque hubiera terminado;  no seria motivo para que dejáramos de vernos o hablarnos y así fue. Después de aquella relación fallida nos empezamos a llevar mejor; nuestra amistad se fortaleció mucho. Después me di cuenta de que ella era todo lo que necesitaba para ser feliz; pero ya era muy tarde, porque ya estaba con alguien mas, que la hacia feliz. En ese momento me di cuenta que había perdido mi oportunidad.
En ocasiones me contaba que se sentía muy bien, por el hecho de que esa persona apareciera en su vida. Decía que le daba cuando estaban juntos no le importaba lo que ocurriera a su alrededor porque estaban juntos. No sabia que responder; por una parte me sentía bien sabiendo que era feliz y por la otra me sentía mal,  porque no era yo la causa de su felicidad. Aprendí a vivir con eso y me di cuenta de que ya no era suficiente lamentar.        

domingo, 26 de mayo de 2013

Pensándolo bien, pensé mal


Estaba sonando la alarma, pues eran las 7:00 horas y ya me tenía que levantar para ir al jardín de niños. Me bañé, desayuné y emprendí camino junto con mi madre. Llegamos a la escuela se despidió de mí y entré al salón de clases. Minutos después por la puerta entro la profesora. Ese día nos puso a dibujar lo que quisiéramos. Me acuerdo de que yo dibujé un árbol con mucha fruta y muy grande. Así llego la hora de salir a comer. El día estaba muy soleado, cuando acabé de comer fui a jugar con mis compañeros. Posteriormente tuvimos que regresar al salón de clases.

Ya era la hora de retirarnos a casa, mientras las madres empezaban a llegar por sus hijos e hijas, observaba que por ningún lado veía a mi madre. Abrieron la puerta y todos empezaron a entrar y yo seguía sin verla y me sentí mal. Todos se empezaron a retirar y en ese momento mis ojos miraron hacia el suelo y varias lagrimas empezaron a salir, cuando termine de llorar me di cuenta de que la escuela ya estaba vacía. Después sin mas remedio me subí en un columpio y espere ahí por largo lapso de tiempo y seguía sin llegar.

El cielo se empezó a nublar; el sol, estaba desapareciendo; las nubes, estaban cada vez eran más grises. Sentí mucho miedo porque no quería estar solo. Pasaron varios minutos y posteriormente empezó a llover. Nuevamente llore, mis lágrimas ya se confundían con las gotas de lluvia, después corrí hacia un salón para cubrirme de la lluvia, cuando entré estaba la señora de que se encargaba de mantener limpia la escuela, mientras dejaba de llover estuve con ella. Salí del salón y decidí irme de la escuela. 

A lo lejos se venían dos personas que parecían ser una señora y un niño. Pensé que tal vez podría ser mi madre con mi hermano por eso decidí esperar. Poco a poco se acercaban y logré ver que efectivamente  eran ellos. Mi hermano corrió hasta donde estaba y me dio un abrazo y me dijo:” te quiero mucho hermanito”.  En mi rostro se dibujó una sonrisa. Se acercó mi madre y nos abrazó a ambos. Ya no quise  pedir explicaciones y disfruté el momento, pues lo único que me importaba era estar con ellos y ya lo estaba. Y así regresamos a casa y en el transcurso del camino les conté todo lo ocurrido.