Fue un domingo por la mañana, cuando fui con mis
primos a jugar al monte. Después de un rato nos empezamos a aburrir pues ya no sabíamos
que hacer. Pasó un buen rato hasta que uno de mis primos se fue corriendo a su
casa por un lazo y lo lanzó hacia la rama de un árbol. Cuando por fin lo
logró amarró el lazo a una madera y
resultó ser un columpio. El se subió primero al columpio. Después de usarlo ya
no se quería bajar y así siguieron pasando uno por uno de mis primos hasta que
llegó mi turno. Tembloroso tome el columpio y me lancé. Después de que me subí
ya no me quería bajar. Cuando estaba arriba tuve muchas sensaciones en el
cuerpo.
Todos los días
íbamos a subirnos. En el momento que estaba arriba del columpio me sentía feliz.
Esos momentos con mis primos hicieron que nos lleváramos mejor. Nos pasábamos horas
y horas en ese lugar. Un día que regresábamos de la escuela corrimos hasta
donde estaba el columpio y cuando llegamos nos dimos cuenta de que alguien lo había
quitado, porque decían que era muy peligros que unos niños de seis años se
subieran a un columpio como ese.
Y así pasaron varios días en los cuales ya no nos juntábamos
para vernos y cada quien jugaba por su lado. Ese columpio era el pretexto para
vernos aparte de que era divertido subirse y disfrutar el paisaje. Días después
mi primo fue por cada uno de nosotros a su casa y nos llevó hasta donde se
encontraba el columpio antes de que lo quitaran. En el transcurso del camino sentí
que algo bueno estaba por ocurrir.
Cuando llegamos
ahí se encontraba de nuevo ese majestuoso columpio. Muy emocionados corrimos
hasta donde estaba y nos subimos uno por uno hasta que nos cansamos de hacerlo.
Cuando nos sentíamos tristes, enojados o tuviéramos algún sentimiento que nos
hacia sentir mal íbamos al columpio y después de un rato de columpiarnos regresábamos
sonriendo.
Ese columpio se volvió nuestro lugar de encuentro,
porque todos los días no la pasábamos ahí. Ya hasta comíamos ahí, cuando nos
daba hambre cada quien iba por algo a su casa y lo compartíamos entre todos. Y hasta
la fecha ese columpio sigue ahí. Cuando lo veo recuerdo esos hermosos momentos
que me hizo vivir junto a mis primos. Ese es un buen recuerdo de mi infancia.
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