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domingo, 26 de mayo de 2013

Pensándolo bien, pensé mal


Estaba sonando la alarma, pues eran las 7:00 horas y ya me tenía que levantar para ir al jardín de niños. Me bañé, desayuné y emprendí camino junto con mi madre. Llegamos a la escuela se despidió de mí y entré al salón de clases. Minutos después por la puerta entro la profesora. Ese día nos puso a dibujar lo que quisiéramos. Me acuerdo de que yo dibujé un árbol con mucha fruta y muy grande. Así llego la hora de salir a comer. El día estaba muy soleado, cuando acabé de comer fui a jugar con mis compañeros. Posteriormente tuvimos que regresar al salón de clases.

Ya era la hora de retirarnos a casa, mientras las madres empezaban a llegar por sus hijos e hijas, observaba que por ningún lado veía a mi madre. Abrieron la puerta y todos empezaron a entrar y yo seguía sin verla y me sentí mal. Todos se empezaron a retirar y en ese momento mis ojos miraron hacia el suelo y varias lagrimas empezaron a salir, cuando termine de llorar me di cuenta de que la escuela ya estaba vacía. Después sin mas remedio me subí en un columpio y espere ahí por largo lapso de tiempo y seguía sin llegar.

El cielo se empezó a nublar; el sol, estaba desapareciendo; las nubes, estaban cada vez eran más grises. Sentí mucho miedo porque no quería estar solo. Pasaron varios minutos y posteriormente empezó a llover. Nuevamente llore, mis lágrimas ya se confundían con las gotas de lluvia, después corrí hacia un salón para cubrirme de la lluvia, cuando entré estaba la señora de que se encargaba de mantener limpia la escuela, mientras dejaba de llover estuve con ella. Salí del salón y decidí irme de la escuela. 

A lo lejos se venían dos personas que parecían ser una señora y un niño. Pensé que tal vez podría ser mi madre con mi hermano por eso decidí esperar. Poco a poco se acercaban y logré ver que efectivamente  eran ellos. Mi hermano corrió hasta donde estaba y me dio un abrazo y me dijo:” te quiero mucho hermanito”.  En mi rostro se dibujó una sonrisa. Se acercó mi madre y nos abrazó a ambos. Ya no quise  pedir explicaciones y disfruté el momento, pues lo único que me importaba era estar con ellos y ya lo estaba. Y así regresamos a casa y en el transcurso del camino les conté todo lo ocurrido. 


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